Hoy me he despertado con una pregunta en la cabeza, ¿Me siento mejor a los treinta y pico, o cuando tenía veinte y tantos?
Cuando tienes 20 años te sientes valiente, fuerte. Acabas de llegar a la madurez, nadie te puede decir nada, puedes entrar en todos los sitios, puedes conducir tu propio coche... ¿Objetivos? Salir con los amigos, y cuanto más tarde llegues a casa mejor, conocer todos los pubs y discotecas, bailar, ligar, ligar, ligar... Si aparcaba el coche lejos, no importaba, yo era invencible y me podía acercar sola a por él. Si alguien me decía algo, no importaba, yo contestaba para defender lo que creía era justo. Mirábamos a los estudiantes de Instituto por encima del hombro, dejábamos de montarnos en autobús porque ya éramos mayores, teníamos nuestros propios coches. ¿Quedarnos en casa? Sólo si era para estar sólos o montar una fiesta. El sofá era aquel mueble que mirábamos de vez en cuando, nuestro dormitorio era nuestro Santo Grial, nuestros padres eran unos "carrozas" que ponían límites a nuestra MAYORÍA DE EDAD. ¡No había quien nos parase, el mundo era nuestro!
Y llegó un día, en que entramos en los ENTAS (30, 40, 50...). No queríamos llegar bajo ningún concepto, los treinteañeros eran unos carrozas, pero ya estábamos aquí, habíamos llegado. Sin darnos cuenta, nuestra vida había cambiado tanto, que ya ni siquiera dormíamos sólos, ya no vivíamos bajo el techo de nuestros padres, nos habíamos casado y/o independizado.
Poco a poco las salidas van disminuyendo, ya no te hace tanta gracia salir a tanta discoteca, ya no te importa recogerte antes y no cerrar el local, y en lugar de tomarte los churros a las 7 de la mañana, te los tomas los domingos a las 10 al levantarte.
¿Salidas? Donde se ponga una buena barbacoa con los amigos ¿quién quiere una discoteca? ¿Quién necesita salir de fiesta, si en casa tienes un bar con licores, un frigo con comida y una buena peli en la tele? Y de repente, ese mueble desconocido, se convierte en tu mejor amigo y primo hermano de los michelines: el sofá.
Tus padres dejan de ser esos "enemigos" y se convierten de la noche a la mañana en tus mejores amigos, a los que vas a visitar una vez a la semana, y a compartir con ellos cosas que antes eran impensables. Los temas de conversación empiezan a ser de política, de sociología, de la vida.
Y un día te levantas, y te notas distinta, no piensas igual, no sientes igual, algo ha cambiado, suena el despertador y ¡zas! tu instinto maternal se ha despertado. Ahora sí que no me preocupan las salidas, ahora sí que no me importan los locales de moda, ahora sí que estoy completa.
De repente todo cambia, todo es distinto. Miramos a los chavales de Instituto con nostalgia y no por encima del hombro, nos montamos mínimo una vez en autobús para que nuestros hijos conozcan la experiencia, y nuestros coches se llenan de juguetes y accesorios infantiles. Y ese coche de 3 puertas que con tanta ilusión enseñábamos a nuestros colegas, y que tantas historias había vivido, se convierte en un serio obstáculo, haciendo necesario cambiarlo por un monovolumen donde poder meter la silleta, el carricoche, la canastilla, ... Tus preocupaciones pasan de ser el chico que te gusta, al profesor que le toca a tu hijo ese año en el colegio.
Sí, salimos menos; sí, tenemos más canas; sí, tenemos más michelines; sí, tenemos más problemas y preocupaciones. Pero por nada del mundo cambiaría esos momentos buenos que me da estar con mi hijo, ni esas maravillosas barbacoas con la familia, y ni mucho menos esas cervecicas con los amigos, antes llamados colegas.
yo creo que desde los 26/27 años soy treintañera por la forma de pensar y ver la vida, pero sigo siendo una veinteañera en cuanto al tema familiar porque no quiero sentar la cabeza y sigo con mis padres xDD
ResponderEliminarJajaja, es normal si sigues con ellos. Pero vamos, lo importante es ser feliz con uno mismo, eso ya lo sabes ;)
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